18 de julio de 2012

Historias I






Creo que detrás de todo o casi todo hay una historia. No te digo que sea LA historia, pero siempre hay algún detalle, un comentario al margen, una nota de color.

Entonces podría decirte, ¿por qué mi gato se llama Cirilo? ¿por qué mis orejas tienen sacando las dos que me hicieron cuando nací 4 perforaciones? ¿cuándo me empezó a gustar el verde? ¿desde cuándo me delineo los ojos antes de salir a cualquier lado?

¿A alguien le importan esas cosas?

No sé, pero como tampoco es que entre mucha gente sacándome a moi a leer lo que escribo, lo cuento en este momento y entretenerte mejor ni intento. Posdata: bancate ese defecto.



De Cirilo o "Reciclando nombres"

Corría el año 2005, transitaba yo mis dulces y rosados 15 años (?), hacía menos de un año había adoptado a una bola de pelo gris hermosa a la que nombramos Pandy cuando llegó la primavera y...bueno, la revolución.

De las luchas de clases nacieron tres gatitos, y comenzó la pesada labor de encontrar nombres para los peluditos bastardos.

Bla bla bla, ble ble ble...mamá empezó con las historias de los gatos del pasado (hay un largo historial de mascotas en la familia). De ahí sale el nombre "Michigan-Chigan" (hermana de Cirilo que hereda su nombre de una gatita que tuvieran papá y mamá es de familia el tema de los nombres estrambóticos)...Bla bla bla CIRILO: gato de la infantoadolescencia de mamá.

El nombre Cirilo sale de una carta llegada de Europa. De una noticia buena que luego fue mala, o algo así. Una epístola de la hermana de mi abuela de Alemania contando que iba a tener un hijo, y que el nombre elegido era Cirilo. Obvio que acá (en Argentina) todos pensaron que el nombre era un horror para un niño.

Al final el niño Cirilo no nació, pero mi mamá encontró un gatito en el camino de vuelta a casa. Lo guardó en el bolsillo del guardapolvo delantal para algunos y tomó el nombre de esa lejana carta.

Parece que Cirilo Primero era un gato bien personaje: Lo acostumbraron a tomar leche de la mamadera, entonces cada vez que veía a mi tía tomando su mema la perseguía por toda la casa para tomar él (de más está agregar que mi tía odiaba a ese gato). También parece que el minino tenía la costumbre de refregarse en las piernas de la gente (como todo gato), y en eso levantaba la cola y pshhhhhhh, "bautizaba" a los invitados.

Creo que al pobre Cirilo Primero lo llevaron "al otro lado del río", pero no me acuerdo bien de esa parte de la historia.

Cuando mi gato era chiquito, era horrible y muy boludo. MUY BOLUDO. En serio...nadie lo aguantaba, nadie lo quería. Cuando era chiquito era cabezón, despeinado y flaquito y Cirilo. Cirilo parecía un buen nombre: el nombre de un gato desastroso. Después creció y se convirtió en el gordo inteligentoso y comprador que es. Después descubrí que Cirilo viene de "Del griego señor, El gran rey", y le va perfecto, porque él se cree el amo de todo.

De ahí sale el nombre de mi gato.
Re interesante, lo sé (:P)

Ya contaré más historias.

Adiós.






28 de junio de 2012

Un mes antes del fin

Siempre llega un momento en el año en el que te sentís cansado.
Por ahí te llega cansarte mental/emocionalmente.
Por ahí te llega replantearte unas cuantas cosas.
¿Quiero ser Penelope?
Punto coma.
No sé qué escribir ni cómo escribir para que esto no sea exageradamente personal.
Estoy cansada.
¿Quiero aguantar más?
Estoy en el tramo final, para bien o para mal.

25 de junio de 2012

Englobando

...en cuatro poemas de Cortázar.

Una carta de amor

Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo,
       
como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,
       
todo eso es tan poco,
yo lo quiero de vos porque te quiero.
       
Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,
       
y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.




Después De Las Fiestas 

Y cuando todo el mundo se iba

y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

qué hermoso era saber que estabas

ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,

eras la que no se iba

porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.


La camarada
Claro que sos mi camarada

porque sos más, sos siempre más.
Hay la ruta en común, el horizonte
dibujado con lápiz de esperanza,
hay la amargura del fracaso
a la hora en que los hornos no se encienden
y hay que palear de nuevo el carbón del
mañana.

Claro que sos mi camarada

porque sos la que dice no, te equivocaste,
o dice sí, está bien, vayamos.
Y porque en vos se siente que esa palabra es una
lenta, feliz, necesaria palabra:
hay cama en camarada,
y en camarada hay rada,
tu perfume en mis brazos,
tu barca anclada al lado de la mía.


Amor 77



Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.

12 de marzo de 2012

Dos poemas en inglés (Jorge Luis Borges)



I
El alba inútil me sorprende en una esquina desierta; sobreviví a la noche.
Las noches son como olas orgullosas; olas azul oscuro, de pesadas crestas, cargadas con los tonos de profundos despojos, cargadas de improbables y deseables cosas.
Las noches acostumbran misteriosos dones y rechazos, de cosas que se dan por la mitad y a medias se retienen, de delicias que albergan un hemisferio oscuro. Así obra la noche, yo te digo.
La marea, esa noche, me dejó los jirones y retazos disjuntos de costumbre: algunas amistades que odio, para charlar; música para sueños; la humareda de cenizas amargas. Las cosas a las que mi corazón hambriento no puede hallarles uso. La gran ola te trajo.
Palabras y palabras, cualesquiera, tu risa; y vos tan perezosa e incesantemente bella. Hablamos, y olvidaste las palabras.
El alba destructora me encuentra en una calle desierta, en mi ciudad.
Tu perfil que se aleja, los sonidos que conforman tu nombre, la cadencia de tu risa: esos son los ilustres juguetes que dejaste para mí.
Los revuelvo en el alba, los pierdo, los encuentro; se los cuento a los escasos perros vagabundos y a las pocas estrellas vagabundas del alba.
Tu rica vida oscura…
Debo alcanzarte, de algún modo; aparto estos ilustres juguetes que dejaste para mi, quisiera tu mirada subrepticia, tu sonrisa real; esa sonrisa solitaria y mordaz que la frialdad de tu espejo conoce.
II
¿Con qué podría retenerte?
Te ofrezco esbeltas calles, puestas de sol desesperadas, la luna de suburbios mal cortados.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente la luna solitaria.
Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, los fantasmas que los vivos han honrado con bronce: al padre de mi padre que murió en la frontera de Buenos Aires con dos balas que atravesaron sus pulmones, barbado y muerto, a quien amortajaron sus soldados con una piel de vaca; a ese bisabuelo, de la línea materna, que comandó, con veinticuatro años, una ofensiva de trescientos hombres en el Perú, ahora sólo fantasmas sobre monturas desleídas.
Te ofrezco, sea cual fuere, la sapiencia que contengan mis libros, y la hombría y el humor que contenga mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que jamás ha sido leal.
Te ofrezco el núcleo duro de mí mismo que he guardado, de algún modo; el corazón central que no comercia con palabras, no trafica con sueños, y no tocan el tiempo ni el placer ni las adversidades.
Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista al atardecer algunos años antes de que nacieras.
Te ofrezco explicaciones de vos misma, teorías de vos misma, auténticas y sorprendentes noticias de vos misma.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; intento sobornarte con incertidumbre, con peligro, con derrota.

4 de marzo de 2012

Sería lindo vivir...

En una casa en un lago.
Tal vez en un faro!
O un bosque encantado.
Lo de encantado es opcional, eh.
Bien cerca del mar.
Con el viento que despeina.

28 de febrero de 2012

Cuentos

Si me conocés siquiera un poquito, esto que voy a contar no te va a sorprender narinas.
La verdad es que tengo dos o tres cajas de "tesoros", donde guardo cartas que me mandaban mis amigas, cosas que yo me escribía, dibujos, etc.
En la más vieja de las cajas (esa que forré a los 15 con recortes de revista Anteojito en la tapa y tiras cómicas variadas a los costados) encontré algo que hice para mi mamá (capaz nunca se lo di). Por el estilo del dibujo y las biromes Signo con brillo que usé, deduzco que es de 2001 (11 años). Es una especie de poema que debo haber sacado de algún libro o revista que se me habrá cruzado en esos tiempos, y que leo ahora y me roba una sonrisota: mucha verdad en tiernas y simples palabras para niños de primaria.

Lo dejo para que se deleiten.

Cuentos

El río me trae historias de lugares muy lejanos
y el agua con su cantito las va cantando.
Mi abuela me cuenta cómo era cuando era chica su abuela
y no existían los autos y se alumbraban con velas.
Los libros cuentan las cosas de cuando el tiempo empezó
y ahora sabemos todo porque alguno lo escribió.
El viento me sopla cuentos cuando salgo a la ventana
y yo los guardo fresquitos para mi hermana.
Para encontrar nuevos cuentos sólo hace falta mirar:
¡...hay tantos cuentos volando...!
nunca se van a acabar.